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La Renovación Carismática

 

SEMINARIO DE INICIACIÓN

Una novela de Georges Bernanos: "Diario de un cura rural", nos cuenta la historia de un joven y humilde sacerdote de pueblo. Vivió unos años en su aldea atormentado por su inmadurez humana, su precario estado de salud y sus escrúpulos e inseguridad religiosa. Por causa de su salud, hizo un viaje a la ciudad y visitó al médico que, después de algunos titubeos, le reveló sin ambages que padecía un cáncer ya casi en estado terminal. El pobre sacerdote se hundió moralmente. Deambuló sin rumbo durante horas por las calles de la ciudad y, al fin, llamó a la puerta de un compañero de seminario que vivía en esa ciudad y que hacía años había abandonado el sacerdocio.

Allí le empezaron los sudores, los vómitos y los síntomas de una próxima muerte. Este trance se prolongó por varias horas. Su amigo llamó a un sacerdote de la parroquia más cercana, pero éste tardaba en venir. Su situación se iba deteriorando por momentos y pidió a su compañero que le absolviera, cosa que éste hizo con cierta reticencia.

El joven cura rural cayó en una semiinconsciencia. Su amigo, en un momento determinado, se creyó obligado a expresarle el pesar que le producía el retraso del vicario de la parroquia que estaba a punto de privarle de los otros consuelos que la Iglesia reserva a los moribundos. "No pareció oírme, cuenta el ex-sacerdote, pero algunos instantes después su mano se posó sobre la mía, mientras su mirada me hacía señal de que acercara mi oído a su boca. Pronunció entonces claramente, aunque con extraña lentitud, estas palabras que estoy seguro de transmitir exactamente: "Qué más da. Todo es ya gracia". Creo que murió inmediatamente".
 
 

* * *


 





A este pobre cura de pueblo le costó la vida entera llegar a descubrir la suprema de todas las sabidurías: todo es gracia. En ese momento huyeron de él todos los miedos,las inseguridades, los escrúpulos. Era hijo de Dios, pero no había disfrutado de ello. Lo sabía perfectamente en su cabeza, pero en su corazón seguía viviendo como un esclavo. Su lucha fue titánica y, al fin, fuera de su esfuerzo, se le reveló la gran verdad con la misma sencillez y gratuidad, con la que acude el sueño a los ojos de un niño cuando su madre le acuesta.

Este secreto se les revelará a todos los que busquen a Dios, a unos antes y a otros después. Todo según el designio y voluntad de Dios. La Renovación carismática aparece como uno de esos momentos y lugares donde Dios se digna revelar este secreto a muchas personas. Por pura gracia, sin mérito alguno de parte de nadie. En ella muchos hemos perdido los miedos, las inseguridades, los escrúpulos. Hemos aprendido que las obras humanas, los esfuerzos, las violencias no salvan. Hemos conocido a un Dios que nos salva, no porque seamos buenos, sino porque Él es bueno.

Sin embargo, no nos engañamos: todo es gratuito, pero al "precio" de la sangre, de la vida. Parece imposible hacer concordar estos dos términos, pero el que lo vive sabe que no es difícil. En efecto, una gratuidad total, un amor total, requiere por parte de la otra persona una entrega total. A este curita le costó una vida de oscuridad alcanzar la gran revelación; a otros se les revela antes y disfrutan de la libertad, de la alabanza, de la fraternidad; lo que no sea respuesta sincera el Amor lo irá devorando, porque la gratuidad es un fuego que lo consume todo.

La Renovación carismática está llamada a vivir a estos niveles. Este es su núcleo y vocación más íntima. Y aunque la experiencia de nuestra pobreza de cada día nos impulse a rebajar el listón, no debemos hacerlo, porque este tema es obra de la gratuidad, no de nuestro esfuerzo, aunque se nos requiera la vida. Hay millones de personas en el mundo que testifican que ha sido en el Seminario de iniciación, sobre todo en el momento de la efusión del Espíritu, cuando se les concedió esta gran revelación: "todo es gracia": gracia es predicar, gracia perdonar, gracia es atender a los pobres, gracia es el martirio, gracia es el cielo y el amor de Dios, y lo que de esto no sea gracia es casi nada.
 
 

* * *


 





Paco siguió asistiendo todos los martes a la oración. No sabía bien por qué lo hacía, pues aunque se encontraba a gusto y habían desaparecido sus reservas del principio, la verdad es que no sentía nada especial. Llegó a pensar que este tipo de oración no era para él. Sin embargo, se dio cuenta que conectaba con Marta y a través de ella con un grupo de jóvenes con los que tomaba unas cañas después de la oración. No acababa de saber cuál era su punto de enganche con este grupo, pero se encontraba a gusto con ellos. Un día de estos estando en el bar le dijo Marta:

-¿Te has fijado en los avisos que han dado hoy en la oración?

-No sé. Tú dirás... respondió Paco.

-Han dicho que va a comenzar un seminario de las siete semanas.

-Y ¿qué es eso?

-Pues es como un breve cursillo, acomodado sobre todo, a las personas nuevas para que puedan ir penetrando en el núcleo del mensaje de la Renovación.

-Y ¿tú crees que me vendrá bien a mí?

-Sí, mira: tú sabes que aquí hay un secreto que se tiene que revelar. Es un secreto a voces, porque está abierto a todo el mundo. No es para una pequeña élite, ni trata de crear una aristocracia espiritual. Es para los que lo desean, para los niños, para los que son abiertos de corazón. Yo creo que tú estás en buena disposición para hacerlo.

-No capto qué se me pueda ofrecer de nuevo en ese seminario, pero bueno, tampoco me opongo a hacerlo. Vosotros, ¿lo habéis hecho? preguntó Paco dirigiéndose a un grupo de jóvenes que escuchaban la conversación.

-Sí, respondieron al unísono. Uno continuó: "cada uno hemos venido como hemos podido. Hemos buscado a Dios desde distintas situaciones personales. Al final, para llegar a algo, hemos tenido que hacer una opción personal muy concreta, que es Jesucristo, tal como lo hemos entendido aquí. Es una opción, una entrega, un bautismo. El seminario te guía a este encuentro con la persona de Jesús. Se trata de someter tu vida, con la poca o mucha fe que tengas, al señorío de Jesucristo para poder experimentar su poder, su verdad y su bondad".

Paco iba a replicar diciendo que él ya estaba bautizado y confirmado pero le detuvo la rotundidez con que fueron pronunciadas estas palabras. Sin embargo no le molestaron, pues intuyó que no salían de ningún tipo de fundamentalismo o ideología opresora. No eran palabras sectarias ni rechazaban a nadie. Era la expresión de una profunda convicción personal.

A Paco le atraía la forma de ser de este grupo de jóvenes. Les encontraba auténticos y además como con una gran autonomía personal. Cada uno tenía su experiencia para contar. Le encantaba su naturalidad, su lenguaje, sus gustos y aficiones, no distintos de los de otros jóvenes pero sin ser esclavos de los tópicos que hoy fabrican pandillas cuyos miembros parecen hechos en serie, cortados todos por el mismo patrón, que se reúnen para no contarse nada, sin interioridad, sin experiencia alguna personal. Ni los tóxicos, ni el alcohol, ni el sexo, ni la música, ni el pasotismo y rechazo a la sociedad eran los contenidos básicos de su conversación. Por otra parte tampoco les veía sometidos a otros tópicos de tipo religioso, como pueden ser los puritanismos, moralismos, cautelas de corte afectado y gazmoño. Se movían con una gran naturalidad en su lenguaje, en sus bromas, en sus discusiones y en sus afectos.

Una frase se le quedó grabada a Paco y con ella en el alma se marchó a su casa: "se trata de someter tu vida al señorío de Jesucristo". ¿Qué significan estas palabras? ¿Cómo puede hacerse tal cosa?
 
 

* * *


 





Al martes siguiente Marta se fue con Paco para apuntarle al grupo de personas que iba a hacer el seminario. Estaba muy contenta y se lo confió a Paco:

-Me han nombrado servidora de este Seminario.

-Y eso, ¿qué quiere decir?

-Que asistiré con vosotros las siete semanas. Siempre se nombra un grupo de personas más experimentadas para que puedan ayudar a los nuevos en diversos menesteres: unos dan las charlas, otros testimonios, otros se encargan de la música.

-Y tú, ¿de qué te vas a encargar? preguntó Paco con cierta ironía afectuosa.

-Yo de nada, de estar, de hacer bulto, de orar por vosotros.

-¿No me podrías adelantar algo de lo que se hace en un seminario?

-Sí, aunque otros lo podrían hacer mejor. Pero bueno, algo te puedo decir yo también. Cada una de las semanas tiene un tema alrededor del cual gira todo lo que se hace ese día: oración espontánea, charla y testimonios. Los temas podrían considerarse los siete puntos fundamentales de la predicación o kerigma cristiano, tal como han sido anunciados en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Los cuatro primeros constituyen una preparación para un acto fundamental que se llama "bautismo" o efusión del Espíritu Santo. En este acto se ora por cada una de las personas que lo pidan para que reciban el Espíritu Santo. En esta oración suele revelarse el secreto de que te he hablado tantas veces. Esta efusión es imprescindible para que se pueda acceder a la experiencia básica, no digo de la Renovación, sino del cristianismo, pues en realidad de lo único que se trata es de llegar a ser cristianos a fondo.

-Pero yo, dijo Paco, soy catequista de confirmación y en realidad preparamos a los chicos para un sacramento que lleva consigo una efusión del Espíritu Santo. ¿Dónde está la distinción entre lo que hago yo y lo que se hace aquí?

-Siempre he oído decir a los que dirigen los seminarios que no conviene iniciarlos preocupados por cuestiones teóricas. Los problemas, cuestiones o dificultades se discutirán al cabo de las siete semanas, momento en que ya se habrán solucionado por sí mismos gran parte de ellos. Nos inculcan que hagamos el esfuerzo de entrar como los niños. No vamos a hacer un aprendizaje sino una experiencia. En toda experiencia, pero más en una religiosa, se requiere ir libre de prejuicios, si no jamás te encontrarás otra cosa que tus propios pensamientos.

-Una última pregunta: los seminarios, ¿se hacen de la misma forma en todos los grupos?

-Creo que no. Unos grupos en vez de siete semanas lo hacen todo en los siete días de una semana. A veces cuando los grupos son pequeños y no hay mucha gente nueva, todo se hace muy resumido. En ocasiones se unen varios grupos o cada uno se apaña como mejor puede. Lo que sí es fundamental son las catequesis básicas y la oración de efusión por las personas que lo requieran.

* * *




El jueves de esa misma semana comenzó el seminario. Se reunió un grupo de unas sesenta personas: cuarenta y cinco totalmente nuevas. El resto eran los servidores, entre los que se encontraba Marta. Se notaba una cierta frialdad en el ambiente, propia de personas desconocidas. Las sillas estaban colocadas en semicírculos y sólo el más interior se cerraba completamente. Allí se colocaron los que iban a dirigir la oración y el que iba a dar la charla. Los demás se fueron sentando libremente donde mejor les parecía. Marta se sentó junto a Paco.

Se levantó una mujer y anunció en qué iba a consistir la sesión de ese día: se tendría en primer lugar media hora de oración, después una predicación, más tarde algún testimonio y, finalmente, habría una breve presentación de cada uno de los asistentes. Ella misma introdujo la oración, a lo que el equipo de música respondió con una canción invocando al Espíritu Santo. Durante la media hora hubo, como de costumbre, aclamación, lenguas, intervenciones personales, canciones, todo ello en pura espontaneidad. Sin embargo, apenas se percibía nada del calor y de la motivación que reinaba en la reunión general del martes. Sólo los quince servidores eran los que oraban en voz alta. El resto daba la impresión de que la cosa no iba con ellos. Para la mayoría, esa forma de orar era total novedad y una sorpresa agridulce. Daban la impresión no tanto de timidez como de recelo y de mantenerse a la expectativa.

Al cabo de la media hora, la que dirigía la oración presentó a un sacerdote, al que se le había encargado dar las charlas. Lo iba a hacer él mismo todas las semanas. Era un hombre maduro con cara relajada y sonriente. Oraron sobre él y comenzó la predicación:

"El tema de esta primera semana, comenzó diciendo, se puede formular de la siguiente forma: Dios te ama. Presentó el Seminario como una ocasión de evangelización: habéis venido aquí para ser evangelizados; para descubrir que el evangelio se puede hacer realidad en vuestras vidas. Citó a Juan Pablo II cuando dijo que cualquier reevangelización de los cristianos tiene que comenzar por creerse y experimentar esta frase: "Dios te ama".

Lo importante, continuó, no es que tú ames a Dios con tu esfuerzo, con tu sacrificio, con tus obras buenas... no; lo importante es que experimentes que Dios te ama a ti. Con lo primero puedes llegar a poco; con lo segundo entras en la verdad y se te abre un mundo de posibilidades insospechadas. Dios no es una conquista del hombre, sino una gracia y un don que se derrama bondadosamente sobre nosotros.

Este amor de Dios se ha manifestado en Jesucristo. Él es la revelación, el rostro de Dios hecho humano. No tenemos otro Dios que el que se revela en Jesucristo. De esta forma Dios tiene ojos humanos, oídos, labios, corazón de hombre. Ya no está en medio de nosotros porque ha muerto, pero resucitado vive para siempre. Se nos hace presente mediante su Espíritu, que es santo y bueno y te ama. Por eso el amor de Cristo consiste en experimentar que su Espíritu actúa en ti. De esta forma Dios se nos hace real y cercano. A esta experiencia os ha convocado este Seminario.

No te importe cómo estés hoy. Te ama aunque estés indiferente, aunque seas ateo, aunque estés lleno de pecado, aunque rechaces estas mismas palabras que oyes. Hoy te convoca y te dice: "tienes que nacer de nuevo".

Paco salió contento. Todo el desarrollo de la sesión se le había hecho familiar, pues se parecía mucho a la reunión del martes. No le creó ningún nuevo temor. Por otra parte, el grupo a través de las presentaciones le había caído simpático.

-¿Qué te ha parecido el grupo? preguntó a Marta.

-Me ha gustado, contestó ésta. Me encanta que en un seminario haya viejos y jóvenes, hombres y mujeres, curas y monjas, ricos y pobres, gente dura y bloqueada, racionalistas empedernidos. Me ha impresionado también el matrimonio drogadicto. Me huele que al Espíritu Santo le esperan jornadas de mucho trabajo.

-Me ha gustado también el cura que habló. Tenía las ideas muy claras, insinuó Paco.

-Ya, pero a mí me ha llegado más su unción y la fuerza con la que hablaba.

-Cierto, parecía un testigo, asintió Paco. Daba la impresión de que vendía mercancía propia. Por cierto, Marta, tú que has oído estas cosas varias veces, ¿no te aburres?

-No. En primer lugar, porque son muy diferentes las personas que hablan y por lo tanto diversas las experiencias que transmiten. Pero sobre todo, porque no son ideas lo que aquí se presenta. Los nuevos, al principio, se mueven todavía a nivel de ideas. El Espíritu Santo tendrá que cambiar esta perspectiva. Una predicación, si es auténtica, es un anuncio, que quiere decir lo siguiente: "si abres tu corazón, sucederán en ti las cosas que se te anuncian". La única respuesta válida a esta proposición, es la de la Virgen María: fiat, hágase en mí, según tu palabra. Esto es lo que significa evangelio, que es una buena noticia. No es algo que tú tengas que realizar o cumplir, sino algo que se realizará en ti. En esto está el corazón de la gratuidad, palabra que tantas veces has oído aquí. Todo es gracia. Por eso yo no me aburro, porque siempre lo recibo como un nuevo anuncio, que siempre engendra algo nuevo en mí. Y todavía me faltan muchas cosas por dar a luz.

-Otra cosa con la que no acabo de estar de acuerdo, prosiguió Paco, es con el lenguaje que utilizáis aquí. "El Señor lo quiere; lo que diga el Señor; el momento del Señor". ¿No metéis a Dios más de la cuenta en todas las cosas? ¿No hay en ello una especie de fatalismo providencialista?

-Si vas conduciendo, contestó Marta, a 120 por hora en una curva que sólo admite 40, seguro que te das el golpe. Sería una malísima teología decir que Dios ha querido tu accidente. El problema está en ti que has utilizado mal tu inteligencia y tu prudencia. No metemos, pues, a Dios en todas las cosas. Las realidades tienen su propia autonomía y sus propias leyes que hay que respetar. Pero el que tiene una visión de fe de la vida sabe que la última referencia de todas las cosas es Dios. Creemos que Dios tiene un plan sobre cada persona y sobre cada cosa, más allá de todo cálculo humano, aunque el hombre sea libre y cada uno de sus actos o sucesos se rija por sus propias leyes. Por eso, el lenguaje que utilizamos es lícito, y así se hablaba en castellano en otras épocas de más fe que ahora.

* * *




Al llegar el siguiente jueves, Paco no encontró en la sala a Marta y le extrañó, pues es superpuntual. Conversó con algunas personas de entre los nuevos y se confirmó en su opinión de que había bastante gente despistada y otros, poco decididos a seguir adelante. Estos detalles le deprimieron un poco. Al cabo de unos minutos vio que Marta y un grupo de los servidores salían de una sala contigua. La presencia de Marta le hizo recobrar el ánimo:

-¿Qué hacíais en esa habitación? preguntó.

-Estábamos orando, respondió ella.

-Oráis mucho, ¿no?

-Sí, ya sabes que aquí todo se espera de arriba. Todo es gracia y por eso pedimos la actuación del Espíritu Santo. Le hemos pedido que ilumine las oscuridades, que dé paz a los corazones y que nos proteja contra toda perturbación del maligno.

-¿Pensáis que el demonio puede perturbar la reunión? inquirió Paco con incredulidad.

-Cuando se vive la religión a nivel de mente apenas aparece el demonio, pero cuando se empieza a vivir a nivel de Espíritu se detecta su actuación con frecuencia. No olvides que el diablo es un espíritu, y que también una parte del ser del hombre es espiritual.

Paco le confió a Marta la impresión pesimista que había sacado al hablar con la gente. Pero ella le respondió sin perturbarse: El Señor está trabajando. En ese momento el grupo de música acababa de entonar una invocación al Espíritu Santo y poco a poco se entró de llenó en la oración. El ambiente, de nuevo, parecía gélido y apenas se habían relajado los gestos en alguna cara. Sin embargo, también se veían bastantes personas sencillas con sonrisa en sus labios y ademanes de esperanza. Lo que era cierto es que nadie movía los labios, ni cantaba, ni hacía gesto alguno, a no ser el conjunto de los servidores.

La catequesis de esta segunda semana la formuló el sacerdote con estas palabras: "Jesús vive y es el Señor". Comenzó diciendo que "la resurrección de Jesucristo no la pueden ver los ojos de la carne, ni comprenderla la mente humana. Por eso no se puede decir que sea un hecho histórico. Pero aunque no sea histórico es un hecho real. Esta realidad sólo puede ser captada por la fe. Los sentidos y la razón tienen una barrera más allá de la cual no pueden captar nada.

Jesús resucitado es el primer habitante de una nueva creación. Se trata de unos nuevos cielos y una nueva tierra. Pero de esa realidad nadie conoce nada ni es capaz de conocer. Nosotros conectamos con ella mediante la fe. Esta fe no es una credulidad tonta como la de las meigas o las brujas, sino que es un don del Espíritu Santo, principio de un auténtico conocimiento y fuente de una bellísima experiencia. Los sentidos y la razón impregnados de la autenticidad de esta experiencia nos ayudan a formularla y a darle credibilidad.

El día de Pentecostés los apóstoles recibieron un copioso chorro de esta fe que les hizo ver que a Jesús, el crucificado, el mismo que había vivido entre ellos y había sido asesinado como un malhechor, Dios lo ha constituido Señor de ambas creaciones, Juez de la historia y único Nombre que se nos ha dado para salvarnos. Le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Los que sometan su vida al señorío de este Jesús vivo y resucitado experimentarán, ya en esta vida, que Jesús toma en sus manos su defensa, pues hasta ahora todos hemos estado sometidos a otros señores, sea del otro mundo o de éste, que nos han llenado de miedo, de esclavitud, de odio y desesperación. El que someta su vida a Jesús, pasando por ese bautismo, por esa muerte, experimentará, ya en las cosas de este mundo, la liberación, la paz, el gozo y la capacidad de vivir para los demás, superando el egoísmo original con el que hemos nacido y nos destruye como hombres".

A Paco le impresionó esta catequesis. Vio con claridad que, si esto es verdad, la Iglesia no tiene otra razón de existir que la de proclamar a todas las generaciones que Jesús vive y es el Señor. "Pero me falta la experiencia, decía para sí mismo, lo creo pero me falta la experiencia". Estaba impresionado y empezó a notar que algo le ardía por dentro. Las guitarras al terminar la charla entonaron una melodía lenta y plena de unción: "El Señor, el Señor...resucitado de la muerte y es Señor. Cada lengua clamará que Jesús es el Señor".

-Bella canción, dijo Paco.

-Ungida, superungida, contestó Marta, profundamente compenetrada con el texto que se cantaba. Es de las primerísimas de la Renovación. Algo así como si fuera su himno, pues expresa de lleno la intuición básica de su espiritualidad. Jesús no sólo es el Mesías, el Salvador, el Juez de la historia, es el Señor, es decir, Dios.

-Ahora entiendo mejor, agregó Paco, lo que me decías antes del demonio. Es el señor de muchas cosas de este mundo. Y entiendo también una frase que leí en un libro del Papa: que "hay diversos poderes que luchan por apoderarse del alma de este mundo".

-No pienses que yo tengo mucha experiencia de ello, se disculpó Marta. Pero sí me impresiona mucho la frase de San Juan cuando dice que este mundo está sometido al poder del maligno.*** -Me siento mejor, Marta. Reza por mí.

-Lo seguiré haciendo, concluyó ella con cariño.

* * *




Durante toda esta semana Paco leyó con más atención el cuadernillo que le habían dado el primer día del Seminario. En este folletito están marcadas cada una de las semanas con el tema principal de la catequesis y una pequeña meditación, avalada por algunos textos de la Escritura, que el principiante debe escrutar cada uno de los días de la semana. Hasta este momento apenas le había prestado atención, pero en estos últimos días había hecho incluso algunos intentos de oración personal.

Una frase se le había incrustado, hacía ya tiempo, en el centro de su alma: "someter la vida al señorío de Jesús". No sabía qué hacer con este sentimiento que había hecho nido en el núcleo de su ser más íntimo. Estas palabras le hacían daño, pero un daño sabroso que no quería evitar. Le despertaban sueños de radicalidad, y toda su juventud se tensaba hacia algo difuso, anhelado e inalcanzable. Pero ninguna silueta nítida se perfilaba en su interior. Allí reinaba la oscuridad. Marta se dio cuenta de su lucha interior, sin embargo no acudió a solucionarle el problema. Sabía que no le amenazaba ningún mal. Era el Espíritu Santo que en algunos momentos se hace purgatorio.

-¿Cómo estás? preguntó ella.

-No sé, contestó Paco. Algo está bullendo en mí, pero no sé si es para dar a luz o para tirar la toalla definitivamente.

-No te preocupes, para construir un edificio nuevo hay que derribar primero el antiguo.

Se sentaron juntos cuando ya el grupo estaba invocando con un canto la presencia del Espíritu. A pesar de ser ya el tercer día que se reunían había todavía rostros de esfinge. Incluso algunos hacían gala de su poco entusiasmo. Otros en cambio se saludaban con más soltura. Un grupo se quejaba de que no hubiera un rato para poder discutir y exponer cada uno su opinión. Exigían algo así como una lluvia de ideas. Pero en este asunto los dirigentes se mostraban inflexibles.

Sin embargo, la alabanza hoy fue poderosa. Se percibía vibración. El Señor rompió muchos complejos que atenazaban incluso a los propios servidores. Para no agudizar el rechazo de algunas personas, se sofocaba la acción del Espíritu. Aunque este detalle en ciertas ocasiones puede nacer de una sana prudencia, en general al Señor le gusta la valentía con su pizquita de escándalo para los espíritus de cerviz dura. Aquí todo es gratuito y nadie debe nada a nadie, a no ser el amor de compartir los dones del Señor.

El sacerdote comenzó la enseñanza enfatizando las palabras que sirven de título a la catequesis de esta tercera semana: "Convertíos a Jesús". "Tenemos ideas extrañas sobre la conversión, continuó diciendo. La unimos con una serie de propósitos, obligaciones, prácticas ascéticas, esfuerzo de voluntad. Prometo: "a partir de tal día me convertiré". Al final todo queda en una frustración más, no sólo por mi falta de voluntad, sino por falta de verdaderos objetivos. Y si por desgracia alguien se llega a convertir desde esos presupuestos, se convierte a sí mismo, a sus propias ideas de Dios, se radicaliza y se esteriliza, suponiendo que no se transforme en un peligroso activista. A todas estas conversiones siempre les acecha una gran frustración.

La conversión es a Jesucristo. Él es el único objetivo. Conocerle a Él y el poder de su resurrección. Pero, sin embargo, esto no está en manos de ningún hombre, ni en el esfuerzo de ninguna voluntad. Hoy, muchos hablan de Jesús de Nazaret, pero para hablar de este Jesús e, incluso para seguirle como a un líder, no se necesita tener fe. La conversión es a Jesús el resucitado, el que vive, el que está actuando en ti. Para convertirte a este Jesús, al que no puedes acceder ni por la razón ni por los sentidos, necesitas al Espíritu Santo, a cuya luz esplendorosa podemos conocerle y acogerle.

Por eso, en toda verdadera conversión el Espíritu te convencerá y te iluminará sobre tu pecado, no para castigarte sino para que te arrepientas. Y ¿cuál es tu pecado? Tener otros señores, seguir a otros ídolos, apagar tu sed en cisternas rotas, amarte a ti mismo y situar en ti tu propio cielo. De esta forma pierdes el eje de tu existencia y te privas de la experiencia de la fraternidad y le robas a tu vida todo sentido. El arrepentimiento consiste en entregar a Jesús todos estos ídolos , de la misma forma que Él requirió de la samaritana la entrega de sus maridos. De este modo queda toda tu vida sometida al señorío de Jesús. Y su Espíritu te irá llevando a vivir una vida cuyo modelo no va a ser otro que el hombre Jesús, el Jesús histórico que vivió entre nosotros y del cual nos hablan los evangelios. Dejarás de ser tú, pero caminarás por caminos de verdad, felicidad y gozo, incluso en las tribulaciones de la vida".

Al terminar la oración de hoy en el ambiente se cortaban diversas reacciones. Paco reaccionó con sorprendente suavidad. Se dirigió a Marta:

-La verdad es que yo siempre he conocido y amado a Jesús, pero me da la impresión de que le he amado como parte de mi cultura. No le siento como el centro de mi vida, no la dirige, no unifica mis proyectos. Lo vivo todo desde mí, desde mi yo. Ahora caigo en la cuenta de que necesito conversión.

Cerca de ellos se encontraba una chica joven. Había asistido los tres días, pero, siempre solitaria, no se la veía compartir con nadie. Según dijo el día de la presentación se llamaba Ruth, tenía 25 años, la misma edad que Paco y Marta y estaba casada. Había escuchado el desahogo de Paco. Marta le hizo un ademán de acogida con los ojos y ella se acercó:

-Estoy mal, me estoy sintiendo muy mal.

-¿Qué te pasa? le dijeron los dos al alimón.

-Me está turbando el hecho de que Dios pueda ser algo real. Aquí se lo creen. Pero si Dios es real, ¿qué hago yo con mi vida? Yo no quiero ser alguien distinta de mí misma.

-Ése es mi problema, irrumpió Paco contagiado.

-Pero tú siempre has sido creyente, ¿no? le espetó Ruth.

-Sí, pero Dios, para mí, creo que no ha pasado de ser un concepto. Por eso no me ha dado nunca miedo, aunque me exigiera el cumplimiento de algunas cosas.

-No entiendo por qué no hay aquí un espacio para preguntas o para discutir las cosas como se hace en todas partes, añadió nerviosa Ruth.

-Te haría daño a ti la primera, dijo Marta con suavidad. Si entramos en discusión caemos en una dialéctica racional, en el juego de las ideologías, cada uno se quedaría con sus ideas y nadie recibiría nada nuevo. No te conozco, no sé cómo piensas, pero te puedo decir que para experimentar al Señor no hay otro camino que dejar a un lado las propias opiniones y sabidurías. Aquí venimos a escuchar al Espíritu Santo. Alguna vez en la vida hay que pasar por un poquito de humildad y de obediencia. Yo sentí al principio las mismas rebeldías que tú y al final resultaron ser puras fantasías. Por eso los dirigentes no ceden en esta cuestión; si lo hicieran vaciarían a la Renovación de sus contenidos más puros.

* * *




Era diciembre. Ya estábamos en pleno adviento. La gente entraba en la sala aterida de frío, frotándose las manos. Las calles de la ciudad, a pesar del esplendor de las luces y adornos navideños, estaban siendo barridas esta tarde por un viento del norte duro e incomodísimo. Uno a uno iban entrando como el que se siente perseguido. El frío se hizo disculpa para que todos se saludaran hoy con un poquito más de calor y confianza.

Marta y Paco coincidieron en los metros finales y entraron juntos en la sala. Allá en el fondo vieron a Ruth que les sonreía. Mientras se acercaban a ella, Paco se desabrochaba un anorak que parecía comprado en el país de las nieves y Marta jugaba con su bufanda en las manos. Paco, que se encontraba muy eufórico esta tarde, abordó a Ruth directamente bromeando:

-¿De modo que tú no quieres ser alguien distinta de ti misma?

-No, respondió Ruth sonriendo.

-Pues aquí te van a dar la vuelta del calcetín, amenazó Paco.

-Eso es lo que más me fastidia. Me van a dar la vuelta de campana sin que nadie me toque. A mí estos poderes y fuerzas incontrolables me dan miedo.

-Pero entonces, terció Marta, ¿cómo se te ha ocurrido venir aquí?

-Es mi suegra la que tiene fe y es la que me ha empujado a venir.

-¿No me dirás que tú eres atea? bromeó Paco.

-Sí, lo soy y además de nacimiento. Claro que soy una atea a la española, continuó Ruth suavizando; ni me preocupo ni sé nada de Dios pero rezo padrenuestros cuando voy al dentista. Pero, de verdad, lo que menos me apetece a mí ahora es tener una experiencia religiosa.

-Explícate algo más, le insinuó Paco.

-Pues mira: yo he nacido en una familia en la que no existía Dios. De niña no oí jamás pronunciar su nombre en mi casa. De ahí que yo me considere una persona naturalmente atea. Al casarme me han descubierto problemas de ovulación por una isquemia en las trompas de Falopio y, como consecuencia de ello, no puedo tener hijos. Esto me ha deprimido lo indecible y ha generado en mi corazón odio y rebeldía. Me encuentro sola, vacía, absurda y no le saco ningún sentido a mi vida.

Alguien les estaba haciendo señas para que se sentaran pues iba a comenzar la oración. Paco cogió la mano de Ruth y se la apretó con cariño. Marta quiso decirle algo, pero ya no hubo posibilidad. Mejor, pensó para sí, dejemos que actúe el Señor.

El sacerdote enunció el tema de esta cuarta semana como una proclamación: "Y recibiréis el don del Espíritu Santo". "Con esto, continuó, culmina el kerigma o anuncio básico del cristianismo, el que proclamó Pedro a los judíos el mismo día de Pentecostés. Si os arrepentís del asesinato que habéis cometido en la persona de Jesús, -o de cualquiera de los pobres que han existido desde el principio del mundo- recibiréis el don del Espíritu Santo. Estas dos cosas valen para todos los hombres de todos los siglos.

La predicación de hoy enfatizó el tema de ser niños delante de Dios. La conversión nos ha despojado de todos nuestros ropajes falsos con los que queríamos cubrir nuestra pobreza y desnudez nativas. Esto parece una actitud negativa, pero en realidad tiende a dejar al hombre en la más pura y limpia sinceridad delante de sí mismo y de los demás. El aceptar nuestra impotencia, nuestro pecado, nuestra incapacidad de librarnos del absurdo, de los odios y egoísmos de la vida no nos hace malos, sino pobres y niños. El niño necesita totalmente de su madre, y así todos debemos aprender lo que necesitamos de Dios.

El próximo domingo se va a orar por vosotros para que recibáis el Espíritu Santo. Que nadie tenga miedo. Dios es más tú que tú mismo, te conoce mejor que tú mismo, te ama más de lo que te amas tú a ti mismo. Tu vida en el Señor está mucho más protegida y mejor guardada que en tus propias fuerzas. Algunos tienen miedo de lo que el Señor les pueda pedir. Tienen miedo a cualquier compromiso. Quieren ser libres. Pero, ¿qué vas a hacer con tu libertad estéril? Llénala de contenidos auténticos. De lo contrario esa libertad se te transformará en vacío, sinsentido, aburrimiento y absurdo".

A Ruth hoy le llegaron estas palabras. Sintió que le habían hecho una radiografía interior. Agradeció, no sabía bien a quién, que no las hubiera recibido como una amenaza. Por primera vez no le pareció beato y ridículo el lenguaje religioso. Se sentía extraña dentro de sí misma porque no le daban ganas de escapar corriendo. Al contrario, le encantaría quedarse con Paco y con Marta y charlar un rato. Pero, por desgracia, tenía que irse pronto.

Estaba ensimismada mientras dieron todos los anuncios y explicaciones sobre el retiro de efusión que se iba a celebrar ese mismo fin de semana. No se enteró de nada. Marta le repitió, de nuevo, el horario, el lugar y demás detalles necesarios para pasar juntos el sábado por la tarde y la jornada del domingo.

-Entonces ¿es importante asistir a este retiro el fin de semana? indagó Ruth poco segura de sí misma.

-No sólo importante; yo diría que imprescindible, respondió Marta. Date cuenta de que todo lo que hemos hecho estos cuatro días es una preparación para recibir el "bautismo" o efusión del Espíritu Santo, que es la gracia básica de la Renovación.

-Bueno, bueno, aceptó Ruth. Por mí que no quede. Al menos mi suegra no se sentirá frustrada.

En aquel momento alguien llamó a Ruth. Eran los que iban para su barrio, con los que viajaba todas las tardes en el coche de uno de ellos. Aunque con prisa, no quiso omitir el dar un beso a Paco y a Marta. Era la primera vez que lo hacía. Cuando quedaron solos Paco le dijo a Marta:

¿Sabes una noticia?

-No sé.

-Que viene mi novia al retiro, quiere asistir a la efusión del Espíritu Santo.

-¿Tu novia? preguntó ilusionada Marta.

-Sí. No habíamos hablado de ello. Es la persona que me ha empujado a venir aquí. Ella estudia en USA. En todas las cartas me repetía la misma cantilena. Llegó a parecerme una pesada, pero ahora se lo agradezco.

-Pero ¿viaja sólo por eso? preguntó asombrada Marta.

-No, mujer. Viene por las Navidades, pero adelanta el viaje unos días.

-¿Tienes miedo que te condicione su presencia?

-Pues no. Noto que hay una experiencia muy autónoma, muy mía, que está creciendo en mi interior. Ahora entiendo que el hecho de que querer recibir el "bautismo" en el Espíritu Santo entraña una opción radical por Jesucristo, como me dijisteis hace unas semanas en el bar. Estas cuatro semanas me han preparado para hacerlo y estoy dispuesto. Sé que esto quiere decir que acepto a Jesús como mi Señor y Salvador, y que por lo tanto tengo que someter mi vida a su señorío. Estoy sintiendo que es necesario un bautismo para mi evangelización, tal vez para la de otros muchos, tal vez para toda la Iglesia. Intuyo que no invalida al bautismo y confirmación sacramental, sino que, al contrario, los plenifica. Para recibir la plenitud de la gracia de Dios, de ordinario, tiene que haber un proceso liberador en lo humano, que los niños y jóvenes aún no han podido concluir. La gracia no ha tenido tiempo para hacer que ellos elijan y opten personalmente por Jesucristo.

Marta le miró asombrada por el cambio que estaba presintiendo en él.

-Te estoy hablando desde la oscuridad, aclaró Paco. No veo nada, no siento nada, pero, eso sí, espero mucho de este retiro.

Paco se despidió de Marta con un abrazo muy cariñoso. Al cabo de unos pasos se volvió sonriendo hacia Marta:

-Tú, ¿no tienes novio?

-Sí, respondió ella. Me caso en junio.

-No me lo habías dicho.

-No me lo habías preguntado.

Poco antes de que doblara la esquina, Marta le gritó:

-¿Cómo se llama ella?

-Mabel, respondió Paco con otro grito, mientras su mano dibujaba un adiós en el aire.

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