Make your own free website on Tripod.com

Papa recuerda en día de la Inmaculada que Dios no es enemigo de la libertad humana, sino su fuente

VATICANO, 08 Dic. 05 (ACI).-Durante la extensa homilía pronunciada en la Basílica de San Pedro con ocasión de la Solemindad de la Inmaculada Concepción, el Papa Benedicto XVI recordó que María nos enseña que la libertad del hombre no se plenifica contra de Dios, sino solamente con él.

María, señaló el Santo Padre, es la prueba de que “Dios no ha fallado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios ha salvado a su Pueblo”, dijo el Pntífice.

El misterio del mal en el hombre

Al hacer referencia a la lectura del pasaje del pecado original, “el pecado hereditario”, el Papa preguntó  “¿Cuál es el cuadro que en esta página se nos pone por delante? El hombre no se fía de Dios. Sospecha que le quita algo de su vida, que Dios es la competencia que limita nuestra libertad, que seremos totalmente seres humanos sólo cuando lo hayamos dejado a un lado y que sólo de esa manera podremos realizar plenamente nuestra libertad”.

“El hombre –continuó- vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia y es necesario desembarazarse de la misma para ser plenamente uno mismo”.

“El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida”, agregó el Pontífice; y explicó que  el ser humano vencido por el pecado “quiere extraer del árbol

del conocimiento el poder de plasmar el mundo, de hacerse dios elevándose al mismo nivel que El y de vencer a la muerte y las tinieblas”.

Así, prosiguió Benedicto XVI, el ser humano “no quiere contar con el amor de Dios, que no le da confianza, cuenta solamente su conocimiento, que le da poder. Más que el amor busca el poder con el cual tomar las riendas de su propia vida y para lograrlo se fía de la mentira más que de la verdad”.

La verdadera libertad

Sin embargo, el Papa explicó que “el amor no es dependencia, sino un don que nos hace vivir. Es la libertad de un ser limitado y por tanto está de por sí limitada. Podemos poseerla sólo como libertad compartida, en la comunión de la libertad: sólo si vivimos de la manera justa uno con el otro y el uno para el otro, la libertad puede desarrollarse”. “Nosotros vivimos de la manera justa, si vivimos según la verdad de nuestro ser y por tanto según la voluntad de Dios”.

El Pontífice explicó al respecto que “la voluntad de Dios no es para el hombre una ley externa, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está escrita en él y lo convierte en imagen de dios y así en creatura libre”.

“Si vivimos en contra del amor y en contra de la verdad –contra Dios–, nos destruimos mutuamente y destruimos el mundo. No encontramos la vida, sino que jugamos el juego de la muerte. Todo esto es contado con imágenes inmortales en la historia de la caída original y en la expulsión del hombre del  Paraíso terrenal”, agregó.

El Papa advirtió también que, precisamente, al ver el mundo de hoy, constatamos que “el mal siempre envenena, jamás eleva al hombre, sino que lo abaja y lo humilla, no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo hace ser más pequeño”.

La enseñanaza de la Inmaculada

Benedicto XVI señaló que la lección que deja la fiesta de la Inmaculada es que “sólo el hombre que se confía totalmente a Dios encuentra la verdadera libertad, la vastedad grande y creativa de la libertad del bien. El hombre que se dirige a Dios no se hace más pequeño, sino más grande porque gracias a Dios  y junto a Él se vuelve divino, se vuelva verdaderamente él mismo”.

“Mientras más cerca está el hombre de Dios,  más cerca está de los hombres”, agregó el Papa, al señalar que esta realidad “la vemos en María”, que por ello “puede ser la Madre de toda ocnsolación y toda ayuda, una Madre a la cual en cualquier necesidad cualquiera puede osar dirigirse en la propia debilidad y en el propio pecado”.

El Santo Padre concluyó señalando que “en esta día de fiesta  queremos agradecer al Señor por el gran signo de su bondad que nos ha dado en María, su Madre y Madre de la Iglesia. Queremos pedirle que ponga a María en nuestro camino como luz que nos ayuda a convertirnos también en luz y ha llevar esta luz en las noches de nuetra historia”.

El Angelus

Durante el Angelus, el Pontífice recordó que María “en su celestial candor, nos lleva hacia Dios, ayudándonos a superar la tentación de una vida mediocre, hecha de compromisos con el mal, para orientarnos directamente hacia el bien auténtico, que es fuente de gozo”. 

Finalmente, el Pontífice deseó a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro que “la Virgen María les ayude a acoger en sus corazones 'el misterio de la encarnación, fuente de nuestra alegría, para convertiros en discípulos del Salvador y servidores atentos de vuestros hermanos”.

volver al inicio I comenta esta noticia


María es clave para interpretar el Concilio, dice el Papa al celebrar 40º Aniversario de su clausura

VATICANO, 08 Dic. 05 (ACI).-Durante una extensa homilía con ocasión de la fiesta de la Inmaculada Concepción, coincidiendo con el  40  Aniversario de la  clausura del Concilio Vaticano II, el Papa Benedicto XVI dijo durante la Misa celebrada en la Basílica de San Pedro que la Virgen María es “la clave” para interpretar los documentos conciliares.

El Santo Padre inició su homilía recordando el 40 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, clausurado en la misma Basílica de San Pedro donde presidió la Misa este jueves.

Una cornisa mariana rodea el Concilio. En realidad, es mucho más que una cornisa: es una completa orientación de su camino. Nos remite, como remitía a los Padres del Concilio, a la imagen de la Virgen oyente, que vive en la Palabra de Dios, que medita en su corazón las palabras que le vienen de Dios y que, conjugándolas como en un mosaico, aprende a comprenderlas”.

El Papa señaló que aún queda “indeleble en mi memoria el momento en el cuál, escuchando sus palabras: ‘Mariam Sanctissimam declaramus Matrem Ecclesiae’ ‘declaramos a María Santísima como Madre de la Iglesia’, espontáneamente los Padres saltaron de sus sillas y aplaudieron de pie, rindiendo homenaje a María, a nuestra Madre, a la Madre de la Iglesia”.

Según el Papa Benedicto, “el Concilio trataba de decirnos esto: María está tan vinculada al gran misterio de la Iglesia que Ella y la Iglesia son inseparables como es inseparable ella de Cristo”.

En María, la Inmaculada, encontramos la esencia de la Iglesia de manera no deformada”, agregó el Papa. De ella debemos aprender a convertirnos en ‘almas eclesiales’, tal como se expresaban los padres conciliares”.

Durante el Ángelus, el Papa señaló que su pensamiento iba “al 8 de diciembre de 1965, cuando el Siervo de Dios VI clausuró solemnemente el Concilio Ecuménico Vaticano II, el evento eclesial más grande del siglo XX, que el Beato XXIII había iniciado tres años atrás”.

El Pontífice recordó que Pablo VI confió la aplicación del los documentos conciliares “a la Virgen María, invocándola con el dulce título de Madre de la Iglesia”.  El Papa señaló además que había querido “dar gracias a Dios por el don del Concilio Vaticano II. He querido, además, alabar a Maria Santísima por haber acompañado estos 40 años de vida eclesial rica de tantos eventos”.

“De manera especial, ha velado con maternal premura sobre el pontificado de mis venerados predecesores, cada uno de los cuales, con gran sabiduría pastoral, guiaron la barca de Pedro por la vía de la auténtica renovación conciliar, trabajando incesantemente por la fiel interpretación y aplicación del Concilio Vaticano II”, concluyó.

Por la tarde, en la Plaza España de Roma, el Papa Benedicto rindió homenaje por primera vez en su pontificado a la imagen de la Inmaculada Concepción, presentándole un arreglo de flores.

volver al inicio I comenta esta noticia